Que la política ha muerto lo han dejado claro y de manifiesto Puigdemont y Rajoy… nos lo han restregado por los ojos con total desfachatez. Nos han pegado con sus porras, físicas e intelectuales. Bueno las físicas solo las sacó el inútil de Rajoy, causando un revuelo mundial. Provocando los gritos de quienes esgrimían con toda razón que a Génova (sede del PP) no entraron así a buscar todas las estafas al pueblo español que tanto defiende. Guante de seda para los estafadores y delincuentes y puño de hierro para quienes quieren votar. Tampoco se exhibió la fuerza y la contundencia de la Generalitat -que ahora se muestra- a la hora de condenar la corrupción de los CiU y otros socios en esos famosos porcentajes que tantas cuentas oscuras generaron

Ya es tarde para decir … pensar o hacer… nada que pueda devolver la credibilidad a ninguno de los dos.

Pero tal vez no sea tarde para analizar algo que ha pasado en estos días.

El peso de lo latinoamericano. Tuve la suerte de vivir parte de este burlesco sainete en México y en Colombia. Tuve y tengo la suerte de vivir en América Latina y sentir lo que les dolía la torpeza. No tanto que Cataluña se fuera, sino la incapacidad para negociar de ambos nacionalismos.

Sentí lo que les extrañaba la figura de un rey títere del PP. Me maravillo todo lo que conocían del proceso. Algo que por desgracia no es reciproco. Escuché entusiasmado lecturas mucho más sobrias y profundas de las que leía en muchos medios españoles. Participé en debates abiertos en los que las diferentes opciones dialogaban, los había que tomaban parte por una postura y quienes lo hacían por otra, pero siempre pude oir a la razón y al equilibrio por encima de las pasiones y las trampas que Rajoy y Puigdemont se tendían uno al otro.

El mundo de la reflexión estaba unido al de la política. No se hablaba de las corrupciones que asolan a los nacionalismos español y catalán, de lo que le debe uno al otro, o el otro al uno, de lo que reciben, de lo que pagan y no pagan… no, … se hablaba de la gente, de lo que se pierde para la gente y lo que se gana para las comunidades que pueden entrar en un modelo nuevo de convivencia. Nadie sacaba a relucir pasados derrotados o victoriosos, nadie esgrimía argumentos del mercado. Siempre se habló de las personas. Cómo quedaban, qué pasaba en esos espacios de dialogo rotos. Cómo debiera ser un campo legislativo que ayudara a hacer la vida más fácil a todos y si eso sería posible.

Los discursos oficiales eran tocados de forma superficial, lo que importaba era entender que le iba a pasar a las personas. Había tristeza, mucha tristeza al constatar que no parecía ser posible el dialogo. Pero había indignación y rabia al ver que las personas eran lo último de lo que se hablaba, se les pegaba, zarandeaba, vituperaba o ensalzaba según los intereses del gobierno que hablara, pero nunca se pensaba en ellos como sujetos reales de las consecuencias de tan irracionales acciones. 

Los gobiernos del PP -Aznar primero y Rajoy después- han ido depositando las relaciones iberoamericanas en el terreno de lo empresarial, lo económico y la expansión industrial de una España que vende poco en Europa y busca áreas de desarrollo en América Latina , muchas veces con una ética poco sólida. Los del PSOE tampoco es que fueran un dechado de virtudes, pero al menos buscaron en la cooperación y el trabajo compartido cultural, ambiental, educativo y social, formas más humanas de relacionarse y encontrarse. 

Es de vital importancia recuperar un proceso de cooperación cultural que nos vuelva a servir para entender lo que sucede en ambos lados de un mismo mar. 

La búsqueda de procesos culturales compartidos consolidó sentimientos de colaboración de entendimiento y de cercanía.

La música, el cine, la literatura, la pintura, las artes escénicas… nos enseñaron a entender cómo sentimos. Como somos. Nos enseñaron a saber lo que nos duele y lo que nos mortifica.

Mirarnos más allá del dinero, mirarnos en la cultura,  nos acercó como seres humanos, más allá de lo que tenemos,  entender lo que somos. Naturalmente que no vamos a dulcificar relaciones que han pasado por momentos turbios, dolorosos y convulsos, pero no podemos negar que si no nos esforzamos por estimular miradas diferentes a las que genera el dinero, al final la dictadura de quienes solo piensan en él, nos terminara por separar del todo.

Imprescindible el mundo empresarial. No se vaya a leer acá que lo satanizo, ni mucho menos, me parece imprescindible y además con gran capacidad transformadora. Pero este mundo empresarial ha de estar acompañado por procesos políticos fuertes, coherentes, dialogantes y con capacidad de entender en medio de la globalización a la cooperación como una herramienta insustituible. 

Más política. Menos gritos. Nada de violencia. Más dialogo, menos fanatismos, menos obsesión por lo que gano y lo que me cuestan los otros. Más mirarnos y entendernos.

Saber que Cataluña, España y lo ibérico existen en gran medida porque sus relaciones con América Latina nos dibujan y nos muestran de maneras especiales, otorgando una identidad transoceánica que nos configura a todos como latinos y eso en los tiempos que corren es un sello de humanidad que debemos proteger.

Todo eso lo he aprendido viviendo este esperpento desde América Latina.