El sainete de Catalunya dejó claro que el año 17 fue el de las polarizaciones y los desencuentros.  Trump dividió a la sociedad norteamericana en dos grupos que no solo piensan diferente, sino que actúan completamente diferente. El No en Colombia abrió una puerta que no se quería abrir, la que deja ver que los intereses de algunos valen más que la paz de todos. PPK confirmó que cualquier cosa es valida con tal de mantenerse en el poder, hasta soltar a Fujimori del que hasta ese momento se había dicho que no saldría nunca. Oderbrecht nos mostró el precio del poder en su justa medida, por cierto nos demostró que era muy barato, ni 300 millones costó comprarlo en  más de diez países latinoamericanos.  Kim-Jong-Un siguió lanzando misiles para dejar claro que hacer lo que uno quiere es posible si uno lo que quiere es que los otros vendan más armas, más caras y a más gente. Maduro nos restregó a todos por la cara que gobernar es reírse de la gente, machacarla, triturar sus aspiraciones y encima decir que somos equitativos y solidarios con total impunidad. La UE siguió defendiendo que amparar a los bancos es más importante que auxiliar a las personas, todo para la banca nada para los refugiados. Erdogan demuestra que poner a los unos frente a los otros de forma estable y continuada tiene una gran rentabilidad política en lo referente a la “estabilidad” y la permanencia. Temer confirma que llegar al poder de forma inescrupulosa aunque se tengan muchos rabos de paja que ocultar es posible si antes has logrado enfrentar a todos aunque sea con difamaciones y trampas permanentes.

El 2017 será recordado como el año de los enfrentamientos que polarizaron al mundo. Volvimos al conmigo o contra mí, tal vez nunca salimos de ese espacio, pero el 17 nos lo mostró de la forma más cruda posible. Ahora viene el 18. Siempre me gustaron más los pares que los impares, aunque en lo personal mis mejores años fueron impares, los 19, los 31, los 49… este año voy a por otro impar.

Sería además de infantil ridículo afirmar que para el 18 quiero que se acaben los enfrentamientos, que Rajoy y Puigdemont se den la mano y encuentren salida a sus diferencias, que Kim-Jong no tire más pepinazos o que no haya más políticos corruptos que se dejen comprar por un puñado de dólares. Sería inocente apostar por algunas medidas que tuvieran pilares diferentes a los que sustentan el mundo… que son el dinero y el poder. Sería estúpido pedirle al lector de estas líneas que crea en la política. Que crea en la generosidad de la empresa y el empresario. Que vuelva a creer en la sociedad que alguna vez soñamos construir entre todos.  

Por eso quiero hacer una propuesta ñoña y simplona para este año que entra. Vamos a disfrutar. Sí,  justo eso. A disfrutar, a tratar de darle a estas cosas que nos plantean desde el poder y desde los medios -que son el poder pero con micrófonos-, su justa importancia. Construyamos grupos de acción ciudadana capaces de plantarle cara al desastre que entre unos y otros nos han dejado. Hagamos las cosas bien entre nosotros. Dejemos de pedirle imposibles al que no tiene posibles para dárnoslos.

Una sociedad civil fuerte obliga a un poder judicial capaz de ayudarla a encontrar respuesta a sus demandas.

Una sociedad civil fuerte obliga a la banca a dejar de ganar de forma usurera como lo hace ahora.

Una sociedad civil fuerte no se pelea entre si por lo que le dicen los corruptos que peleen. En todo caso pelea por lo que de verdad considera que es imprescindible para ser mejores como comunidad y eso nunca lleva al enfrentamiento sino al encuentro.

Vayamos al cine, leamos libros, bailemos, cantemos, pintemos, seamos los artistas artífices de nuestra propia felicidad. Si seguimos pensando que los de arriba nos van a mejorar el futuro seguiremos sin futuro.

Mejorando nosotros mejoramos a nuestros gobernantes que no son más que lo que somos nosotros.

Una sociedad corrupta engendra corruptos. Una sociedad débil engendra fuertes-abusivos  que los dominan y los aplastan.

El 18 seguirán los enfrentamientos y las peleas. El año 18 seguirá este camino de disputas e insultos. De nosotros depende no entrar al trapo. Salir airosos significa hacer lo que de verdad creemos que hay que hacer y no dar pábulo ni alimento a quien nos quiere usar como carnada de sus intereses personales para pescar en rio revuelto.

A mi personalmente la cultura siempre me ha sido de gran utilidad, no solo el arte, que es imprescindible, la cultura como proceso de comunicación, como proceso de memoria, de proyección, de diseño de futuros deseados. La cultura como espacio de construcción de nuevas formas de estar juntos. Que me haya servido no quiere decir que la recomiende como único camino, sino como uno más de los múltiples que quedan por transitar para comenzar a cambiar las cosas.

Eso es lo único imprescindible en el 18. Cambiar las cosas.