Desde la caída del Imperio Romano nos hemos puesto de acuerdo en la existencia de un solo dios, todas las civilizaciones actuales asumen el monoteísmo, hay consenso en el tema de la unicidad, como lo hubo en su momento en el de la multiplicidad. Las cinco religiones más importantes de nuestro tiempo:  Budismo, Cristianismo, Hinduismo, islamismo y Judaísmo, mantienen que existe un solo dios, con toda una cohorte de santos, profetas, apóstoles, o el nombre que reciban en cada una de ellas, pero un solo protagonista.

Lo sorprendente son los politeísmos que han crecido en torno a los monoteísmos. Por ejemplo del cristianismo han surgido tal cantidad de sectas que es casi imposible citarlas a todas, sin correr el riesgo de dejarnos algunas en el tintero.

Se escindió el Islam formando tres grupos que defendieron opiniones distintas acerca de la legitimidad del acuerdo y las condiciones para asumir el califato. Estas tres tendencias -y en algunos casos sucesivamente divididas en nuevas ramas- han llegado hasta nuestros días. Los sunníes. Los jarichitas. Los chiíes, que se escindieron a su vez en numerosas sectas, como los imamitas, los zayditas, los drusos, los ismailitas, los nusayríes, el babismo y el bahaísmo.[1]

En las otras tres sucede lo mismo, un solo dios y muchas maneras de adorarlo, de venerarlo, de llegar a Él. A los que somos de izquierdas esto nos suena, son tantas izquierdas y un solo Marx, Trosky, Mao, Lenin, verdadero, que ya no sabemos a quién votar y cuando les votamos, ellos (los votados) no saben a quién respetar, con el consiguiente perjuicio para los votantes. La diferencia es que en las religiones nadie trata de alcanzar el poder, sino el cielo,(la vida eterna), aunque el poder del cielo da una cierta cercanía al de los hombres.

Para nadie es un secreto que a ese dios lo creamos a nuestra imagen y semejanza, son nuestros miedos, traumas, alegrías, capacidades, las que volcamos en los modos de adorar y de interpretar los mandatos que nos da. Para nadie debe ser un secreto que existe una relación directa en los modos en que gestionamos nuestros dioses y los modos en que gestionamos la cultura en que se desarrollan esos dioses.

Resulta evidente que no es el mismo dios al que adoramos con un canto de Góspel que con un cilicio puesto en el muslo. Tampoco parece haber mucha similitud entre el dios adorado en una catedral gótica por monseñor Lefebvre o el venerado en una choza de paja en el Amazonas por la teología de la liberación.

Esto no tendría mayor importancia si alguno de esos dioses no pretendiera adueñarse de los otros. Matarlos, exterminar a sus seguidores, aniquilar sus formas de ver, de estar; no tendría importancia si no hubiera una gran influencia de dios en la cultura que lo cobija. Otra vez la pregunta del huevo y la gallina, es dios quien crea la cultura o es la cultura la que construye a un dios a su imagen y semejanza. Da igual, lo que importa es la cantidad de muertos y de atraso que trae consigo esta manera de expulsar al que no está de acuerdo.

Todos tenemos necesidades espirituales, lo físico se nos queda excesivamente constreñido y el cuerpo necesita saber por qué tiembla de vez en cuando, por qué se emociona, por qué le resulta imprescindible llorar, reír, cantar o acariciar, besar, o golpear. Por qué y de dónde las emociones;  y las explicaciones que lo llevan todo a la química parecen no darnos resultados. Además de la consabida necesidad de saber qué pasa cuando morimos.

La cultura que era politeísta y tenía varias deidades, también se está volviendo monoteísta, con ella, con la cultura monoteísta vuelven a crecer las xenofobias, los radicalismos fundamentalistas, los nacionalismos excluyentes, los modos y las maneras de no crear inclusiones, sino de justificar todo tipo de exclusiones. El crecimiento de los extremos, y de los silencios de quienes no piensan igual. Esa es la cultura monoteísta y la creencia que no admite politeísmos. Que no permite diferentes miradas. Esa y no otra es la forma que hoy tenemos de seguir creciendo… la diversidad cultural está aplastada. Debiéramos luchar por una multiculturalidad real… no nos vaya a pasar como con los politeísmos que no lo son. Respetar la diversidad cultural en su esencia es muy parecido a respetar el derecho a las diferencias… y las religiones cada vez lo hacen peor… no dejemos que las culturas caigan en lo mismo.

Yo diría que la psique occidental siempre ha vivido en la ansiedad provocada por el conflicto constante entre las mitologías paganas -los numerosos dioses con sus imágenes diferenciadas- y el Dios único y carente de imagen del monoteísmo. Es una ansiedad que surge de un conflicto de culturas. Por lo tanto, siempre ha existido lo que yo me atrevería a llamar una ansiedad cultural. Los conflictos más profundos del hombre son culturales y esto es algo que la psicología no puede eludir.[2]

[1] http://www.historia-religiones.com.ar/la-tradicion-y-las-sectas-del-islam-94

[2] http://eskenazi.net16.net/ansiedad.html